Lo primero  que quiero dejar claro, es que, cuando se tratan todos temas sobre conductas sociales, siempre se generaliza. Y si, ya sé que “todos” somos súper especiales y muy diferentes, aunque es curioso ver como los generalismos y “la masa” son los mueven el mundo…

 

 

Dicho esto, ya puedo explayarme. Hoy voy a hablar de una nueva tendencia social: el pansexualismo. Se trata de una conducta generalizada en la sociedad occidental,  que está directamente relacionada con la crisis socio-culturalque nuestra sociedad está viviendo. Podríamos decir, simplificando mucho, que el pansexualismo consiste en una configuración de la sociedadque reduce la sexualidad a la genitalidad. Éste hecho se deriva de la mentalidad germinal con la que surgió el tan interesante fenómeno de la revolución sexual de los años 50 y 60, y que no supo desarrollar la débil generación “baby-boom”. Sorprende ver lo rápido que se perdieron la mayoría de valores en que se fundamentó tal revolución, dado que ha sido una de las aportaciones sociales más importantes de la historia de la humanidad dese los orígenes de la comunicación.

La cuestión es que hoy día, nuestra generación se ha tomado sus libertades (de expresión, sexual…) muy a la ligera. Aquello por lo que nuestros padres lucharon desdelos orígenes de la democracia, y que pocos de nosotros hemos sabido valorar, ya que no se vislumbra una mínimaactitud de descubrimiento y conocimiento sobre qué son realmente y en que consisten nuestras libertades. Un hecho que lo evidencia, es la banalización a la que hemos sometido la sexualidad, convirtiéndola en  un objeto de consumo más dentro de nuestro modelo económico consumista. ¡Bravo! ¡El negocio ha sido más redondo!

Hace tiempo que me preocupa esta conducta, ya que es una cuestión que me atañe directamente, debido a mi edad, y a laetapa de la vidaen que me encuentro (25 años). Por suerte, investigando sobre cuestiones sociales, descubrí este término, y con ello una definición bastante clara y concisa de lo que hacía tiempo percibía entre los círculos de gente en que me muevo. Así pude aclarar mis pensamientos, y reflexionar sobre el asunto.

 

 

Esta banalización de la sexualidad, o comportamiento pansexual, malinterpreta la libertad sexual reduciendo toda su complejidad a un estado animal en el que lo racional y lo sentimental se mantiene totalmente al margen. Digamos vulgarmente “no le des vueltas al tarro y fornica.” No quiero ser mal interpretado. No estoy defendiendo una mentalidad retrógrada de la sexualidad. Aquello de: “hasta que la muerte nos separe”(por poner un ejemplo) ha traído muchísima represión, dolor, y reducción de posibilidades en cuanto a evolución individual de las personas y evolución como pareja. Sin embargo el hecho de relacionarse sexualmente sólo desde la genitalidad, (actitud muy manida hoy día) no trae más que los mismos problemas que aquel comportamiento “clásico”: represión, en este caso desde la insatisfacción, dolor sobretodo sentimental, y por tanto, reducción una vez más, de todas nuestras posibilidades.

El por qué, lo tengo claro. Estamos dejando al margen nuestra faceta más relevante. El ser humano se caracteriza por ser un animal psicológico. Además de ser animales, tenemos un cerebro que implica una serie de procesos que nos diferencian claramente del mundo animal. De esta forma, los campos: psicológico, racional, sentimental, social, metafísico… son todo un mundo que forma parte de nuestra existencia y que no podemos omitir como si nada y no esperar repercusión alguna. De hecho, la experiencia lo confirma. La gente no consigue tener relaciones sexuales basadas en la genitalidad separándolas de implicaciones sentimentales o sociales. Éste hecho se repite constantemente, y esta situación deriva en conflictos internos, como son la pérdida de ilusión, sea en las relaciones o en otras personas, la desconfianza y la carencia de una actitud activa y cuidada de la sexualidad en las sucesivas etapas y edades de la vida de las personas.

No creo que sea imposible únicamente el sexo, aislado de todo lo demás que conforma nuestra personalidad, sin embargo creo que, por lo general, las personas no están lo suficientemente preparadas como para conseguirlo. Desde mi punto de vista, la causa de esta imposibilidad es la inmadurez. Nuestra sociedad reafirma constantemente esta actitud. La consecuencia es la falta de información a pesar de su disponibilidad, y la ausencia de reflexión y actitud crítica de cada uno de nosotros. Subestimamos la capacidad de simplificación, y creemos que  es fácil reducir nuestra complejidad y actuar desde nuestra esencia animal, mientras que nuestra complejidad psicológica nos juega malas pasadas respondiendonos a modo de conflictos personales, que por otra parte, no nos resulta fácil comprender y superar.

 

 

Con todo esto no estoy diciendo que no se pueda disfrutar de relaciones sexuales disociando lo sexual-animal de lo psicológico-sentimental.  Actuar desde nuestros instintos más básicos, implica más que desde cualquier otra posición, entender qué somos, quiénes somos y cómo somos, porque ahora sí, cada uno de nosotros es y actúa, siente y padece, de forma diferente.

 

Mi consejo es: si quieres intentarlo, fornica, pero con cabeza!!

Hace un par de días tuve una conversación buena y agradable (de esas que no quedan…) con un par de colegas mientras comíamos en la universidad. A parte de tratar muchos temas intentamos, como no,  arreglar el mundo. Precisamente, reflexionando sobre el mundo, salió a relucir un tema bastante interesante, que tiene que ver con “el sistema”, “los estilos de vida contemporáneos”, y sobre todo, con la trayectoria que muchas personas SIGUEN en su vida. Me gustaría aclarar que uso conscientemente el término seguir en lugar de ELEGIR, lo cual es bastante grave. No voy a hablar de mi visión de la vida en este artículo, si bien quiero dejar claro que entiendo que la vida, (entre otras muchas cosas) consiste en una constante elección. Por último dejo como anotación sobre éste tema los primeros compases de la película Trainspotting, un film que plasma muy bien  en su comienzo, esta faceta de la existencia humana. Os la recomiendo.

Para indagar más en la dicotomía cultura/incultura, comentaré una anécdota personal:

Hace varios años, y gracias a una de mis aficiones: el baile, tuve la oportunidad de asistir a un evento internacional de gran envergadura. Como un imberbe adolescente, rodeado de gente de diversas edades y múltiples procedencias y con la inquietud de quién ansía adsorber todo lo que pueda, me colé entre un grupo de gente que hablaba y escuchaba a un afamado bailarín estadounidense. Relataba cómo vivía en su barrio, cómo era su casa, su familia, su trabajo y el lugar dónde bailaba. Simplemente nos contaba su visión de la vida y el baile. Aquel momento pasó en parte desapercibido para mí, pero se mantuvo en la retina, y años más tarde afloraría.

Asistiendo como estudiante de arquitectura a conferencias de arquitectos locales e internacionales impartidas en diferentes eventos, comencé a darme cuenta de una constante en mi vida: la importancia de los viajes en cuanto a la posibilidad de encontrarse y confrontar diversas visiones de la vida respecto a la que uno mismo tiene. Entonces aquella experiencia de la adolescencia emergió como si en lugar de un vago recuerdo, se tratase de algo vivido hacía apenas horas.

Cada vez más en los viajes han despertado mi interés los variopintos personajes que puedes encontrarte dentro de un albergue en un país extranjero cuando vas de viaje. Cuanto más hablo con éste tipo de personas, más me doy cuenta de lo claras que tienen algunos de ellos las cosas en la vida, de su visión y de quiénes son ellos mismos.

Identifico claramente dos parámetros: el intercambio de visiones y la reflexión en torno a temas que tienen que ver con la esencia del hombre.

Volviendo a la conversación durante aquella comida, puedo extraer una conexión directa al respecto de este planteamiento filosófico. ¿Cuántos ilustrados y sabios dentro de nuestro primer mundo, son realmente dueños y electores de sus vidas? ¿Es la cantidad de conocimientos lo que realmente determina la cultura? El acceso a la información y la experiencia son dos cuestiones fundamentales dentro de lo que podríamos llamar cultura, pero, ¿qué información? Y ¿qué experiencia?

¿Es una tribu autóctona de centro áfrica o de las selvas amazónicas inculta? ¿solucionamos sus “carencias” colocándoles unas deportivas y ubicándoles en medio de una gran metrópoli? Y es que, precisamente, si prestamos un poco de atención a sus estilos de vida, nos daremos cuenta que su conexión con la vida, con la tierra que habitan, y con ellos mismos y su condición de ser es mucho mayor que aquella que gran parte de nosotros mismos tenemos. Entonces, qué es lo que marca realmente la diferencia entre cultura e incultura? ¿Es la cantidad de conocimientos (=datos) adquiridos? ¿o es el conocimiento (=conexión/reflexión) de otros planteamientos, y de lo que realmente tiene que ver con nuestra esencia?

Extrapolándolo a nuestro entorno, ¿quién es más inculto, aquel que conocidas todas sus opciones, decide dedicar su vida a vender fruta en un puesto en el mercadillo, o el ingeniero con tres másters y cinco idiomas que trabaja en una multinacional de reconocido prestigio y que cada día que llega a casa pone su televisor de 50”, se unta con la última crema rejuvenecedora y motiva a su hijo diciéndole que debe triunfar entre sus compañeros?

 

En conclusión, ¿quién es culto y quién inculto? ¿Qué es lo que realmente marca la diferencia entre cultura e incultura?

Llevo desde el 2oo3 conectado al mundo del baile. Comencé de forma totalmente casual, en uno de esos episodios mágicos en los que sin ningún motivo directo, sin intención o búsqueda, de repente te ves inmerso en un mundo nuevo. Y ese es el comienzo.

De forma discontinua he dedicado mayor o menor esfuerzo a la práctica, y he de reconocer que últimamente esa es una faceta que tengo bastante abandonada. Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo, y paradójicamente menos he practicado, más me ha ido aportando todo este mundo. Ahora quiero compartir una reflexión en torno a una sensación que el breakdance, estilo que más practico, me ha aportado, y que le será muy familiar a muchos Bboys.

Existen varios grupos de movimientos dentro de esta danza urbana. Sin entrar en la dicotomía físico/expresivo, quiero hablar del carácter aéreo/terrenal de ciertos movimientos.  Me interesa este tema porque ha sido una de las grandes aportaciones que he recibido, y porque está teniendo mucha relación en mi forma de ver la arquitectura (profesión que estudio) y por ende en la forma de entender la filosofía de diferentes culturas, como clara que es la diferencia al respecto entre Occidente y Oriente.

Existen grupos de movimientos como tricks & combos, cuya esencia es el mundo aéreo, aunque esa búsqueda de vencer la gravedad no hace si no evidenciar su condición, poniendo todo el énfasis en esa mano levemente apoyada en el suelo como único punto de contacto.

Existen también otros grupos de movimientos, como por ejemplo los footworks, y sobre todo la parte de éstos en la que el diálogo entre cuerpo y suelo es más intenso; ahí he podido descubrir conceptos como “peso” o “fricción”, la capacidad de “deslizar”… nuevos valores con los que seguro, muchos Bboys se sienten identificados.

Pero hablemos del grupo de movimientos en que estáis pensando todos los Bboys. Powermoves. Basados en los giros, todos ellos se pueden encadenarse para experimentar un sinfín de sensaciones nuevas. Entre ellas, existe una paradoja destacable: la sensación de “volar”. Podría decirse “técnicamente” que el Air-flare es el movimiento aéreo por antonomasia, aunque el esfuerzo requerido para ejecutarlo no evidencia esta sensación de flotar. Sin embargo, quiero hablar de los Windmills, un movimiento en el que casi todo el tiempo estás en contacto con el suelo, deslizándote y rodando. En el que la fricción es evidente, pero en el que la velocidad es la condición que hace posible la sensación; y cuánto más rápido giras, la sensación de flotar es más evidente, hasta tal punto que casi dejas de sentir el contacto con el suelo y crees que realmente te sientes suspendido sobre el suelo. De ahí la paradoja. Cuanto más deslizas, cuanto más fluido es ese contacto con el suelo, más intensa es la sensación de volar.

¿Quién quiere volar?

Animo a todos los Bboys que se encuentren con este artículo a que lo comenten.

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http://www.fresasconnatacrew.es

        Constantemente nos quejamos de nuestros congéneres:

Nuestra pareja nunca nos completa los suficiente, los compañeros de trabajo nos incordian día sí, día también. Todo el mundo va a “lo suyo” y a nadie le importa nuestros problemas, porque, al fin y al cabo, ya tienen bastante con los suyos.

Y yo me pregunto… ¿Y qué hacemos cada uno de nosotros para con los demás?  Y es que no estamos dispuesto a ceder ni un ápice. 

Si hay un tipo de relación que refleja claramente esta situación es la pareja. Está claro que el ser humano es un ser social por naturaleza. Así, existen múltiples tipos de relaciones: vecinales, laborales, amistades, sentimentales, familiares, sexuales… De entre todas ellas creo que la sentimental es aquella que, por su intensidad y nivel de implicación, evidencia el comportamiento social generalizado.

La  familia no la eliges, “te toca,” y a fin y al cabo, siempre está ahí. o eso dicen. El trabajo, desgraciadamente para muchos, se reduce a “algo que no queda mas remedio que hacer.” Una amistad es relativamente fácil de llevar, sobre todo porque, llegado un momento tenso, siempre puedes distanciarte un tiempo y “tomarte un respiro” para luego volver con otra actitud y la mente más fría. Sin embargo en la pareja… ¡Ay la pareja! La elegimos. Queremos que nos llene, complazca, complete… lo queremos todo, pero… ¿Somos conscientes del compromiso que lleva implícito? Y es que éste es una de las grandes pérdidas de la sociedad contemporánea, el compromiso y la implicación. No me refiero a que no debamos separarnos llegado un momento dado, éste ha sido uno de los grandes aportes de la evolución en la última generación. Sin embargo, ¿hemos sabido aprovecharlo? Supongo que existe un punto intermedio entre “aguantar hasta el fin de los días” y <<el 80% de los primeros matrimonios fracasan>>.  

Parece que el “la pareja” es un modelo de relación que no encaja muy bien en el modo de vida contemporáneo claramente definido por nuestro sistema económico. Me da la sensación que estamos llegando a consumir hasta a las personas al igual que consumimos productos, recursos, tiempo… podríamos decir incluso nuestras vidas. 

Lo que me pregunto es: ¿Tenemos derecho a tratar a otra persona como un producto adquirido por asociación del que nos podemos deshacer en el momento en que los beneficios dejen de ser lo suficientemente rentables? 

Y lo que es más importante aún: ¿Cuánto podemos exigirle a los demás? porque… ¿Qué damos cada uno de nosotros a cambio?

Dicen que las palabras se las lleva el viento…

Yo digo que depende de lo que “pesen“.

A veces decimos cosas que tienen tanto peso que nunca consigues borrarlas de tu vida, o de la vida de otra persona.

 

En este blog se pretende  abrir temas de debate, dejar preguntas abiertas y sugerir puntos de reflexión sobre diversas cuestiones.

Es imprescindible vuestra colaboración, he aquín un espacio en blanco (metafóricamente hablando) para que dejéis vuestros comentarios y opiniones.

 

 

 

 

 

 

 

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